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domingo, 29 de septiembre de 2019

AGUDEZA Y ARTE DE INGENIO

Hace poco más de dos años, Carmen Canet sorprendía a los lectores con una serie de aforismos agavillados bajo el título de Malabarismos. “Carmen Canet piensa como una equilibrista porque comprende que la gramática parda tiene su lírica”, escribía entonces Luis García Montero. Y precisaba: “Su decir es una obra de construcción y destrucción: el arte del malabarismo”. Fue suficiente esa serie de dichos lapidarios para que su autora apareciese en sendas antologías: primero en Bajo el signo de Atenea. Diez aforistas de hoy, y después en Concisos. Aforistas españoles contemporáneos. Recientemente ha presentado Luciérnagas, su segunda incursión en el género, con lo que se consolida como una de las voces más interesantes de la literatura abreviada.
La parquedad de su obra no ha sido óbice para que la autora de Luciérnagas se incorpore al círculo virtuoso del creador. El aforismo, como la poesía o la filosofía, hunde sus raíces en la biografía. Y de ello tenemos muestras más que suficientes en las sentencias de nuestra urcitana. Pero se reduce a eso, mera biografía, hasta que, convertido en vocación, se hace destino. De ahí que Carmen Canet decida “estar al acecho, tropezar en la vida con ideas e imágenes inesperadas, para luego, con un lenguaje lúcido e irónico, lanzar sus visiones a la página y así lograr que nos alcancen, nos sorprendan”, como dice en “Acerca del aforismo” (Bajo el signo de Atenea). Después, y sólo en casos excepcionales, el destino individual entra a formar parte del destino humano.

martes, 30 de abril de 2019

MIGUEL DE CERVANTES: UNA VIDA AL MARGEN


       


            De la misma manera que don Quijote pudo decir: “Yo sé quién soy”, no es improbable que Miguel de Cervantes hubiera podido afirmarlo de sí mismo. José Manuel Lucía Megías, uno de los cervantistas más avezados de este comienzo de siglo, ha dedicado tiempo e ingenio a esclarecer esta posibilidad: ¿Quién fue Miguel de Cervantes? El resultado de sus indagaciones se ha materializado en una biografía de Cervantes rigurosa, por lo que hace a los materiales aportados, y lúcida, por lo que respecta a los argumentos esgrimidos, que supedita la solemnidad académica al estilo personal. Si en la primera parte, La juventud de Cervantes, subtitulada Una vida en construcción (1547-1580), mostraba los primeros treinta y tres años de su vida, en la segunda parte, La madurez de Cervantes, subtitulada Una vida en la corte (1580-1604), abordaba los años del alcalaíno en el laberinto de la Corte hispánica. Y ahora cierra la trilogía con La plenitud de Cervantes, que subtitula Una vida de papel (1604-1616), en la que expone los años cruciales de nuestro autor.
            Con el paso de los años, el autor del Quijote fue dando lugar a diferentes imágenes, que pueden sintetizase en estas tres: el Miguel persona, el Miguel personaje y el Miguel mito. “¿A qué Miguel de Cervantes prestarle atención?”, se preguntaba Lucía Megías en la “Carta dedicatoria al lector” que abría el primer volumen de la trilogía. Pues bien, lo que allí proponía como una declaración de intenciones, es decir, el interés por las tres figuras distintas, ha pasado a ser un hecho constatable en el tercer volumen de la biografía que ahora saca a la luz pública, esto es, la unión de las tres personas distintas en un solo hombre verdadero. Lo cual no es óbice para que el biógrafo ibicenco distinga  en la vida de Cervantes dos etapas perfectamente diferenciadas: una primera etapa, dinámica o itinerante, de construcción de una vida, que concluye en 1580, a la vuelta del cautiverio de Argel (a la que dedica el primer volumen de su excelente biografía), y una segunda y última etapa, estática o sedentaria, de consumación de esa vida (a la que dedica los dos volúmenes ulteriores).