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domingo, 5 de mayo de 2019

ELOGIO Y REFUTACIÓN DEL JUEGO


Contra la usura anonadante del tiempo, el derroche del juego.

La seducción y el poder: he ahí el tinglado de la antigua farsa.

El poeta continúa a su manera ese juego de la naturaleza del que es, como el pájaro o la piedra, una de sus realizaciones.

La poesía, que es juego a vida o muerte, jamais n’abolira le hasard.

Nada aburre tanto como la diversión. Por eso aburren, ¡y de qué modo!, los escritores empeñados en parecer divertidos.

Para instinto lúdico, el de los pájaros.
 
(El caminante y su sombra).
—Ser o no ser: esa es la cuestión.
—Ser y no ser: asunto peliagudo.

El hombre ha pasado por ser sapiens, faber, ludens… Digamos paradójico y lo habremos dicho todo.

(Filosofía del arquero). ¿Errar el tiro? ¡Claro! A ser posible, por elevación

El escepticismo hedonista de las élites ya tiene su contrapartida: el desasosiego lúdico-festivo de los ilotas.

domingo, 21 de abril de 2019

MARGEN DE JUEGO (MICROLOGÍAS)


La palabra original habla de algo fuera de lo común, algo que hemos amado sin saberlo y persiste al otro lado de la muerte.


Piedad por la alegría ajena a toda causa, incluso a los caprichos del azar y de la fortuna; alegría original que supone la vida que cunde, pasa y se transforma de manera incesante.


Sientes que le debes a esta tierra algo más que la luz, algo como el rumor de las fuentes o el don de los manantiales.


Y sientes como la caricia del agua transforma sin pretenderlo la aridez de la tierra en la docilidad de la arcilla.


Vengo de un milenio enardecido y vivo en mundo que no existe, entre seres alumbrados por un sol invisible, siempre a punto de desaparecer.


Mientras la dignidad de la pobreza siga cotizando a la baja, no habrá motivos para la esperanza, ni para las promesas extraviadas en la eternidad.


El misterio insondable de la belleza consiste en que lo escondido se revela, se muestra y se encandece en lo manifiesto.


Agonía permanente del fuego: chispas dispersas, brasas apagándose, casi pavesas, que tanto se parecen a la vida.

El valor relativo de lo que soñamos no compensa en modo alguno el valor absoluto de lo que destruimos; frente al placer que destruye y anonada nos queda, eso sí, el dolor que consuela y vivifica.


El dolor que llega a través de los espacios sin fondo, ese dolor hiende la piel de los sentidos y estalla en las galerías interiores como una orquídea roja, que sale de lo hondo a encandecer la tierra.